Trabajar en cubiertas implica, en la mayoría de los casos, un riesgo claro de caída a distinto nivel. Ya sea para tareas de mantenimiento, revisiones periódicas, instalaciones técnicas o intervenciones puntuales, el entorno de una cubierta no suele estar pensado para el tránsito continuo de personas sin medidas de seguridad.
Además, no todas las cubiertas se utilizan del mismo modo, ya que hay cubiertas a las que se accede una vez al año y otras por las que se transita todos los días. Algunas permiten soluciones permanentes y otras presentan limitaciones técnicas que hacen imposible que se puedan poner estas. En este contexto aparece una duda habitual, ¿es mejor optar por una protección colectiva o por una protección individual?
La respuesta depende de diferentes puntos, y no es única, y mucho menos depende de la opinión personal de cada uno o de lo que se prefiera. En cubiertas, la elección del sistema de protección debe basarse siempre en el riesgo, el uso y el contexto concreto de trabajo.
Diferencias de protección colectiva e individual
Las protecciones colectivas en cubiertas son las que se deben priorizar en un entorno de trabajo, ya que buscan evitar la caída del grupo. Son soluciones, no individuales, que no tienen necesidad de que el usuario realice ninguna acción específica, como pueden ser las barandillas de seguridad, mallas de seguridad, etc.
A diferencia de las colectivas, la protección individual es aquella que depende de que el usuario la use correctamente, como por ejemplo las líneas de vida, los puntos de anclaje o los sistemas de conexión. Para que funcione correctamente, la persona debe ponerse el equipo, conectarse y utilizarlo durante todo el tiempo que lo necesite.
La diferencia es muy clara, la protección colectiva protege a todas las personas que acceden a la cubierta, estén o no familiarizadas con el sistema. Mientras que la protección individual protege únicamente a quien la usa a consciencia.
¿Por qué la protección colectiva es prioritaria siempre que sea posible?
En prevención de riesgos laborales, la protección colectiva se prioriza porque elimina o reduce el riesgo desde el origen, y así viene especificado en la Ley de PRL.
Por lo que en cubiertas que son de uso habitual, se debe de disponer de protecciones colectivas para evitar el peligro en lo máximo posible.
Una barandilla de seguridad en altura o una protección de borde bien diseñada no necesita que el usuario piense en conectarse, revise un equipo o recuerde un procedimiento. La seguridad está disponible todo el rato, de forma permanente. Esto reduce la existencia de errores humanos, que siguen siendo una de las principales causas de accidentes en trabajos en altura.
Además, la protección colectiva:
- Protege a varias personas al mismo tiempo.
- Facilita el tránsito y las tareas de mantenimiento.
- Aporta una seguridad pasiva y constante.
- Reduce la necesidad de formación específica para cada acceso.
Por este motivo, siempre que la cubierta lo permita técnica y funcionalmente, la protección colectiva es la opción más segura y eficaz a largo plazo.
¿Cuándo es necesario recurrir a protecciones individuales en cubiertas?
No todas las cubiertas permiten instalar sistemas colectivos ni en todos los trabajos puede permitirse, por lo que las protecciones individuales normalmente se usan en casos como:
- Cubiertas con geometrías complejas o múltiples niveles.
- Zonas de trabajo muy localizadas o de difícil acceso.
- Intervenciones puntuales o temporales.
- Casos en los que la estructura no admite una protección colectiva sin modificaciones importantes.
En estos casos los sistemas individuales son también una solución válida, aunque dependa más de que el usuario le dé un buen funcionamiento. Aparte, también depende de que esté bien diseñado, correctamente instalado y de qué se le haya dado una buena formación al personal de trabajo.
Riesgos de una mala elección del sistema
En muchas cubiertas se comete el error de optar directamente por protecciones individuales cuando, por el tipo de uso y el nivel de riesgo existente, debería haberse valorado primero una solución de protección colectiva.
Esta decisión suele traer consigo distintos problemas: una dependencia total del comportamiento del usuario, un uso incorrecto del sistema por falta de formación, soluciones pensadas únicamente para “cumplir” sobre el papel y no para un uso real, y una sensación de seguridad que no siempre se corresponde con la protección efectiva.
En el extremo opuesto, también se dan casos en los que se instalan protecciones colectivas sin un análisis previo del uso real de la cubierta, lo que da lugar a sistemas poco prácticos, difíciles de mantener o que acaban infrautilizándose.
Una elección inadecuada del tipo de protección, aparte de aumentar el riesgo, a largo plazo sale también menos rentable económicamente. Esto es porque si tarde o temprano vas a tener que poner la protección debida, habrás malgastado una cantidad de dinero que podrías haberte ahorrado haciendo las cosas bien desde el principio.
Conclusión
En Ypsos entendemos que una cubierta debe protegerse en función de cómo se va a usar realmente. No todas las cubiertas son iguales ni presentan los mismos riesgos, y por eso no todas necesitan la misma solución.
Siempre que es posible, la protección colectiva es la opción prioritaria. Cuando no lo es, la protección individual debe plantearse pensando en la persona que va a trabajar allí y en cómo se va a utilizar el sistema. En muchos casos, la mejor solución es combinar ambos tipos de protección de forma lógica y bien pensada.
Analizar el uso que se le va a dar desde el inicio evita cometer errores que tengan graves consecuencias después, y además, tener que realizar cambios posteriores.
Si sigues con dudas de qué protección usar y necesitas ayuda, puedes contactar con nosotros.



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